Felicidad en el trabajo: la estrategia más rentable
La felicidad en las empresas no va de poner un cesto de fruta a disposición de los empleados o pufs de colores por los pasillos para hacer brainstorming, ni tampoco de colocar vinilos con frases inspiradoras de Steve Jobs o hacer fiestas de disfraces en Halloween para ver a los miembros del comité disfrazados de zombis. Sería divertido, pero no.
En una estrategia de felicidad organizacional cabe jugar, porque debemos recuperar el alma de niño (con su mente de principiante y ausencia de prejuicios). Pero el jugar solo es una parte más del plan de acción que nos brindará los verdaderos beneficios. Invertir en felicidad es generar el escenario adecuado para que todos los miembros de la empresa puedan mantener un nivel óptimo de bienestar físico, emocional y social. Hablamos de crear una nueva cultura que va a impregnar todos los rincones del proceso productivo y multiplicar los resultados de la empresa. Porque cuidar a las personas es lo correcto; pero, la atención, también es lo más rentable.
Hablemos de números
Las cifras siempre funcionan bien con los más escépticos, así que aquí van algunas que hay que tener en cuenta: 44% más en fidelización de sus empleados, 41% menos de absentismo, 55% menos de rotación de personal, 40% menos de productos defectuosos… A estos datos de Gallup, Forbes añade una caída del 66% de las bajas laborales, en buena medida por el desplome del estrés que experimentan los trabajadores felices.
Si medimos su creatividad, la Universidad de Berkeley nos dice que los trabajadores felices son un 86% más creativos, mientras que Harvard (HBR) lo eleva a un 300%. En cuanto al incremento de la productividad, según la Universidad de Warwick es de un 12%, según el think tank británico Social Market Foundation, de un 20%, y según el gigante de RR. HH Hays Group, de un 43%. ¿Cuál tiene razón? Todos. Dependerá del momento coyuntural y de la cultura de la empresa, así como de la profundidad de las encuestas realizadas. Lo importante es que siempre se repite la tendencia ascendente.
No puede ser de otra forma, ya que, cuando hablamos de empresas felices, estamos hablando de gestionar el estrés, mejorar las relaciones entre compañeros y con los mánager, incorporar hábitos saludables, descubrir el poder del feedback y el reconocimiento, encontrar un propósito y unos valores firmes…
Las nuevas generaciones –y las no tan nuevas– reclaman una forma de liderazgo que promueva su bienestar físico, emocional y social (en mi propio modelo, estos son los tres pilares de la felicidad organizacional), por lo que hemos de saber qué palancas accionar para no quedarnos atrás. Cualquiera que sea nuestro rol en la organización, hemos de formarnos en estas disciplinas para que nuestros equipos estén mejor preparados para superar las crisis y crecer en tiempos complejos.
Un poco de historia
Cuando, hace ya seis años, creé el primer posgrado universitario de felicidad organizacional (Chief Happiness Officer de UNIR, que acaba de comenzar su undécima edición y tengo la oportunidad de seguir dirigiendo), me formulé esta pregunta: ¿Cómo es posible que no nos hayamos dado cuenta de que no es el éxito el que conduce a la felicidad, sino que es la felicidad la que conduce al éxito, personal y corporativo? Para brillar por fuera, primero hemos de brillar por dentro.
Pronto se subieron al barco los veinte expertos (todos ellos CEO, consultores y líderes de empresas referentes en felicidad organizacional) que me acompañan en el claustro e imparten sesiones y dinámicas en las que comparten su experiencia más aterrizada y práctica. Por algo también somos el único programa certificado por la World Happiness Foundation.
Desde entonces hemos formado a cientos de líderes de empresas de todos los sectores y tamaños, desde grandes corporaciones hasta pequeñas empresas familiares. Lo cual no quiere decir que, aún hoy en día, haya líderes que generan resistencia a la felicidad organizacional. En algunos casos se debe a que no identifican que tengan un problema con la felicidad o, en el caso de tenerlo, piensan que eso no es de su incumbencia. Otros directamente se oponen a cualquier propuesta relacionada con la palabra felicidad porque les parece algo de hippies o un postureo. Muchas de las empresas que se han convertido en el ejemplo vivo de la rentabilidad del bienestar corporativo han tenido que superar previamente estos escollos.
Pero lo que el tiempo ha dejado claro es que las estrategias de felicidad organizacional no son algo naif o una moda. De hecho, el proceso para implementar estas iniciativas no es un camino de rosas exento de desafíos y obstáculos. Como todo aquello que merece la pena en la vida, nos pide un esfuerzo a cambio, pero se trata de un sacrificio cargado de sentido y de rentabilidad. Hoy en día, si aspiras a tener una empresa sostenible, has de integrar esta nueva cultura.
Todo surgió de un viaje a Bután, el pequeño país del Himalaya. Tal vez hayas oído hablar de este pequeño país del Himalaya y de su índice de Felicidad Interior Bruta (FIB), un medidor del desarrollo que crearon como contrapunto al índice de Producto Interior Bruto (PIB). En mi caso lo conocí en 2010 gracias al Primer Congreso del Instituto de la Felicidad de Coca-Cola, donde intervino el primer ministro butanés. Me fascinó el concepto y, unos meses después, estaba subido a un avión con destino a aquel reino perdido de las montañas que, aparte de por precioso, me impactó por dos cosas.
Primero, porque para ellos la felicidad no era algo etéreo, sino un estado de bienestar medible en el día a día. Y, en segundo lugar, porque en el sistema de indicadores que utilizaban para esa medición, los llamados 9 dominios de la felicidad, se incluía por supuesto la riqueza material, pero como un factor más entre otros iguales de importantes como el bienestar psicológico, el uso del tiempo, la vida en comunidad, la diversidad cultural, la salud, la educación, la ecología y el buen gobierno.
De inmediato pensé: Hay que extrapolar este modelo a las organizaciones. Y, para hacerlo aún más fácil, me propuse agrupar todos esos factores en tres dimensiones.
Las tríadas del bienestar corporativo
Las estrategias de felicidad organizacional se estructuran a partir de dos tríadas: la primera con tres dimensiones (bienestar físico, emocional y social) y la segunda con tres niveles de impacto de las acciones (en la persona, el equipo y la organización).
A este modelo lo bauticé Método Doshin’en, que en japonés significa «círculos concéntricos», abrazando la enseñanza zen de que una diminuta gota de lluvia caída en un estanque se funde en él y provoca enormes ondas expansivas, del mismo modo que toda pequeña acción dirigida a incrementar el bienestar de un trabajador (y del propio líder) termina afectando positivamente al equipo, a la organización entera, y, más allá, al entorno que la acoge, gracias al propósito corporativo.
En cuanto a la primera tríada: es necesario abordar el bienestar de forma conjunta desde las tres indicadas dimensiones, ya que solo entonces se alcanzan los verdaderos beneficios. Como un gran puzle, el bienestar corporativo precisa de todas sus piezas para completarse. Trayéndolo a ejemplos del día a día: de poco sirve que me suban el sueldo si mi salud mental está bajo mínimos por el estrés que me genera la insostenible relación con los compañeros. De poco sirve que hayan puesto una cafetería con productos saludables gratis para el personal si no tengo posibilidad de juntarme allí ni un minuto con mi mánager. De poco sirve que me regalen sesiones de yoga si nadie me ha preguntado cómo me encuentro, por lo que no saben que lo que necesito en este momento es formación para sentir que puedo promocionar.
Todo es importante, cada acción es beneficiosa en sí misma, pero para crear una cultura duradera de felicidad organizacional, todas ellas han de tener un porqué y un para qué en este momento concreto de esta empresa concreta.
Los españoles trabajamos una media de 1.691 horas al año, según la OCDE. Sin embargo, el estudio «La productividad del trabajo y la conciliación laboral», elaborado por EAE Business School dispone que la productividad por cada una de esas horas trabajadas es solo del 31,5 %. ¿Cuáles son los motivos de esta lacra? Dejando aparte el tóxico «presentismo» tan arraigado en nuestra cultura («Que mi jefe me vea en la silla cuantas más horas mejor, ¡aunque esté jugando al solitario en el ordenador!»), serían similares a los que llevan al absentismo o a la fuga de talento. No tanto un salario insuficiente, como la imposibilidad de desarrollarte y crecer profesionalmente, el ocupar puestos alejados de tu perfil, la falta de flexibilidad laboral o el mal clima y las relaciones tóxicas entre compañeros.
Cuando hablamos de todo esto, estamos hablando de felicidad.
Las 10 habilidades del líder del bienestar
A partir de la experiencia atesorada gracias a las empresas en las que imparto conferencias y talleres, seleccioné las 10 habilidades en las que ha de formarse no solo un Chief Happiness Officer (gestor de felicidad), sino todo directivo o manager de cualquier nivel que tenga a otras personas a su cargo. Por ejemplo: promover el autoconocimiento y el aprendizaje continuo, fomentar un propósito y unos valores firmes, facilitar la implantación de hábitos saludables…
Pero si tuviera que quedarme con una sola, sería la escucha. A partir de la escucha constante, se debe diseñar una estrategia que se adecúe a las circunstancias concretas y la cultura de la empresa. Después hay que seguir escuchando para corregir en tiempo real cuanto sea necesario. Y, al culminar la acción, volver a escuchar a través del feedback.
A continuación, no obstante, te relaciono las que llamo «10 habilidades del líder del bienestar». Aun cuando en este artículo no puedo profundizar en ellas (te aseguro que me encantaría porque me apasiona el tema), sí que es interesante que tengas conocimiento de su existencia.

El secreto: paso a paso
Quizá te haya interesado lo que has leído en los párrafos anteriores… y quizá te haya surgido la pregunta: «¿Cómo hago para sumarme a este nuevo paradigma?». Como alguien me dijo en Suazilandia, un país africano en el que hace un cuarto de siglo empezó mi andadura como escritor, solo los pies del viajero conocen el camino. Si quieres llegar a la meta, lo más importante es empezar a caminar: informarte, formarte, practicar con una primera iniciativa, esforzarte, perseverar.
Hay diversos estilos de liderazgo que, nadie lo niega, pueden darte resultados a corto plazo. Los líderes autoritarios, por ejemplo, tienen capacidad de resolución y pueden sacar proyectos contra reloj. Pero ¿a qué coste? Entre otras cosas, provocan estrés, miedo incapacitante… Los líderes visionarios, por su parte, generan un chute de motivación en los equipos, pero ¿qué ocurre si ellos desaparecen? El liderazgo transaccional, que utiliza recompensas para motivar a los equipos, es útil en situaciones críticas porque define roles y objetivos inmediatos, pero cercena la creatividad y las relaciones de apoyo entre compañeros.
Cada estilo de liderazgo tiene su momento, y una habilidad fundamental de todo líder es la capacidad de adaptación en la rueda de cambio constante que es la vida. Pero si quieres una organización sostenible en el tiempo, hoy en día solo hay un estilo de liderazgo que funciona y perdura: el de la felicidad, en sus tres dimensiones de bienestar.
Pon a las personas en el centro, comenzando por ti. Es lo correcto y lo más rentable.
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